Mis miedos

El Grito - Edvard Munch

 Mis miedos: Siempre los he manejado bastante bien, digamos que los mantengo a raya. He procurado identificarlos y poner remedio.

 Aquí algunos ejemplos:

Pasar hambre: De pequeña eso me causaba mucho malestar y me asustaba. Me puse objetivos, y con mucho esfuerzo planifiqué un plan de trabajo que me aseguró una base sostenible y duradera en el tiempo.

Pasar frío: ¿Os lo podéis imaginar?… Sin teca y con poco abrigo… Hoy en día, me siento súper afortunada. Ese frío sólo está en mi memoria.  

No tener trabajo para ganarme la vida: La vida me ha sonreído. Y mira por donde pude trabajar desde los 14 a los 65. Aunque, más de un palo recibí por luchar por lo que llamábamos “Derechos Laborales”, y alguna que otra Amnistía, que por aquellos tiempos el panorama era bastante gris.

Y ya me veis, transitando por los senderos de mi vida feliz y contenta… Dentro de lo que cabe claro. Porque el mundo está como está y mejorarlo cuesta un montón. Y, entre toda esa vorágine, aparecen miedos más difíciles de domesticar. Hay cosas que, más que miedo, me producen terror.

Aquí algunos ejemplos:

Miedo a perder la capacidad de discernir. Eso, y que el miedo me enturbie el pensamiento.

Miedo al absolutismo, a las dictaduras . La sensación de indefensión crece en mi cada día. Bla, bla, bla, bla, bla, palabras, palabras y más palabras. Pero ¿Cómo luchar contra el cáncer de las dictaduras, cada día más poderosas y con diferentes nombres y colores? Y por si esto fuera poco, tachín… Nos sale un salvador que, batuta en mano, dibuja un mundo a su antojo. (Recordáis: Primero lanzando plumas estilográficas al público, después de firmar leyes sacadas de su chistera. Iba a decir de su chistera de mago, pero no quiero ofender a la profesión, que siempre me ha gustado mucho la magia). Lo malo es que, a ese personaje, lo pusieron en el trono un montón de papeletas introducidas en una urna. Si, de esas que se utilizan en Democracia y que tanto trabajo costo instaurarlas… Pero ya sabéis, por algunos de mis escritos, que yo de pequeña siempre tenía la oreja puesta en las conversaciones de los mayores… y mira por dónde otra frase se me quedó grabada en la memoria: “Hecha la Ley, Hecha la Tramp”. Trump, Trump, Trump. ¿Será que mis mayores ya sabían de la llegada de Trump y de tantos otros que se pasan la ley por el forro?…

Y ahora me toca confesar el peor miedo que tengo: “perder la esperanza”. Pero Blas de Otero me ha echado  un cable: ¡Prestad atención!


Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo

lo que era mío y resultó ser nada,

si he segado las sombras en silencio,

me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.


Y añado con permiso de Blas de Otero

               Si forjé toda mi vida en el esfuerzo hasta quedar exhausta,
                            si empeñé toda mi vida en el camino,
                        me queda la esperanza para seguir avanzando.

Flor - JAM Literaria 30.01.2026 (Tema: Mis miedos)

Comentarios

  1. Molt bo i personal. Bravo. 100% Flor.

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    1. Compartir les meves pors m'humanitza i m'ajuda a empatitzar amb les persones més desafavorides.

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